Cuando fui a dormir, sobre la cama coloque el dorso, aplastando sin fijarme un
cuerpecito, estaba tan cansado que no me di cuenta de la tontera.
Dormí dos horas que parecieron 5. Cuando me di cuenta
estábamos cansados los dos
cuerpecitos. Tomamos un
café en taza negra, para la conciencia y esas cosas, nada especial, dos copas endulzadas, como dos fuentes caramelo donde el
gorrión ensalivado muere de nauseas. Salimos al aire libre, tan libre que
volvió apresado a las narices. Hablamos de los
pájaros que bajan a picar los desperdicios
alimenticios, de los que muchos millonarios de hambre se
matearían, ese, siendo un pecado para el espacio y tiempo.
Cuando mostré el texto a esa persona me dijo que le irritaba que nadie en este mundo fuera al grano y diera tanto rodeo con lo que uno piensa y quiere decir, entonces eso me llevo a una contestación prematura, sólo dije;
es que no quería escribirte nada, pero los dorsos a veces se sienten
comprometidos con las noches soeces, por que ni
descansé ni me
arrepentí de todo...
Cuando los cuerpos se despiden las narices apuntan a horizontes involuntarios, siempre ha sido así, si los organismos fuesen independientes para sus movimientos y de mas, ya estaría reventando mi piano
quitandome las costillas que me sobran...